9 abril, 2026 | Iglesia Nueva Vida ← Volver a Devocionales Promesa para quienes buscan santificarse Iván Miranda “Santificaos, porque el Señor hará mañana maravillas entre vosotros.” Josué 3:5El pueblo de Israel estaba a punto de vivir un milagro: Dios iba a abrir el Jordán.Pero antes del milagro, vino una orden clara a través de Josué: “Santifíquense.”Dios no les pidió fuerza, ni estrategias, ni que entendieran todo. Les pidió obediencia.Hoy pasa lo mismo. Muchas veces queremos ver a Dios obrar en nuestra vida, en nuestra familia, en la iglesia, en nuestras situaciones… pero Dios primero nos llama a ordenar el corazón.Y ahí es donde aparece la lucha: el orgullo, el enojo, las heridas, las diferencias con otros.Porque cuando hay que perdonar, cuando hay que callar, cuando hay que dar el primer paso… ahí es donde realmente se ve la santificación.Ahora, ¿cómo podemos santificarnos si somos imperfectos? La santificación no es perfección.La santificación es decidir hacer lo correcto delante de Dios. No somos perfectos, pero sí podemos: Perdonar a quienes nos lastimaron, pedir perdón a quienes ofendimos, vencer el orgullo. Ese es el primer paso para santificarse.Dios no solo estaba preparando al pueblo para un milagro externo, sino para un cambio interno.Y cuando el pueblo obedeció, el Jordán se abrió. El milagro no vino antes de la obediencia. Vino después.Porque no se puede avanzar hacia lo que Dios tiene, si seguimos atados a lo que tenemos que soltar. Santificarse también es mirar al prójimo y decir: “No voy a seguir en esta actitud. Voy a hacer lo correcto delante de Dios.”Hoy, Dios sigue diciendo lo mismo: “Santifícate.” En tu manera de hablar, en tu manera de tratar a los demás, en lo que guardas en el corazón. Es limpiarse de todo pensamiento y sentimiento contra el prójimo. Es liberarse de toda amargura.Porque hay grandes desafíos por delante, y solo podremos vencer si nuestro corazón, y nuestra conciencia, están limpios delante del Señor, y de las personas.La invitación hoy es clara: mirar hacia adentro, reflexionar sobre nuestras acciones, y hacer lo necesario para cambiar. Esforzarse, obedecer y prepararse… porque Dios hará maravillas.