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La pesca milagrosa

Ariel Rojas Sayaz

Las dificultades de nuestras vidas pueden producir desánimo, las palabras que hablamos son las que expresan la condición del corazón.
Pedro estaba pescando de noche, uno se puede preguntar porque eligieron pescar de noche, quizás porque hay más pique. Pero en la mañana, después de intentar toda la noche, no se había pescado nada. Veamos cómo sigue el relato en Lucas 5:1-11.
“Jesús estaba a orilla del lago y se acercó a la barca de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó, dijo a Simón: boga mar adentro, y echen sus redes para pescar. Simón, le respondió: “Maestro, en toda la noche no hemos pescado nada; pero en tu palabra echaré la red.” Y encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces llamaron a los compañeros de la otra barca, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”
Algunas veces Dios permite que fracasemos para mostrar su poder, Pedro era pescador de oficio, tenía la capacidad, la experiencia y el conocimiento. Pero Dios es todopoderoso y estaba con ellos. Pedro, más allá de saber que fracasó toda la noche, tenía fe en el Maestro. Y, en obediencia, tiró las redes, y eso lo llevo a llenar sus redes.
Pero el fin de la enseñanza fue el anuncio que, de ahora en más, sería pescador de hombres. Y que con esa misma fe capturaría personas que, con el poder de Dios, se convertirían. Y no porque sea una persona experimentada, no porque tuviera el conocimiento, sino porque lo haría en nombre de Dios.
Pedro recibió el mismo oficio que su maestro, el de llevar a los pecadores al arrepentimiento.
Pedro pasó, de las redes a la predicación, de los peces a los hombres, de lo poco a las multitudes, del anonimato a ser el líder del avivamiento en Jerusalén.
La reflexión final es que debemos acercarnos a Dios con sencillez, con confianza, con el deseo de ser guiados por EL, que nos dejemos ministrar por lo que Él nos enseñe, redarguya y nos transforme en la medida que actúa.
Aprendamos también de la actitud de Pedro. Podemos fracasar como él, que no pescó nada en toda la noche, pero EN LA PALABRA del MAESTRO TIRO LAS REDES y su pesca fue como ninguna otra.