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Unidos a Cristo daremos fruto

Jesús les dijo a sus discípulos lo siguiente:
“Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada.” (Juan 15:5)
Leyendo los primeros cinco versículos de éste capítulo vemos que:
  •  Dios es el dueño de la vid. El labrador que cuida de ella.
  • Jesucristo es la vid (la parra) que es alimentada por la savia de Espíritu Santo.
  • Los creyentes, los discípulos de Cristo son las ramas que deben llevar fruto.
Fruto que se reproduce solo cuando la parra es ‘podada’. Esto nos habla de la importancia de la obra de Dios en nuestras vidas, para que nuestra fe sea fortalecida.
Cuando el Señor ‘poda’ nuestra vida hay dolor. Hay situaciones y momentos difíciles que Dios permite que sucedan para que nuestra fe sea probada y fructifique. Permitamos a Dios limpiar las ramas para llevar más fruto.
Dios nos eligió para llevar fruto. Fruto que se obtiene al sembrar la Palabra de Dios para que otros crean. Solamente unidos a Jesús podemos llevar fruto. Judas estaba en el ‘racimo’ pero no estaba unido a Cristo. No llevó fruto.
Es necesario venir a los pies de Cristo, pidiendo perdón, para ser parte de ese racimo. La obra de Jesús es poderosa. Quien está unido a él, permanece en unidad al Cuerpo, que es la Iglesia.
Otro apóstol, Pedro, había mostrado pocos frutos en cuanto a su carácter, sin embargo, permaneció unido a Cristo, y Dios lo utilizó como instrumento suyo.
¿Qué clase de fruto estamos llevando? Si no obedecemos su Palabra no vamos a poder llevar fruto. Si permanecemos unidos a él podremos dar fruto.
¿Qué estamos haciendo para compartir la Palabra y que otras personas crean en Jesús?
Unidos a Cristo prediquemos su mensaje para que haya más fruto. No dejemos pasar el tiempo.
Benjamín Molina
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